sábado, 7 de julio de 2018

Crónica de un debut : David Martinez


4:30 a.m. suena el despertador, sólo he podido dormir 4 horas, ayer me acosté tarde preparando todo para salir con más tranquilidad, cargando la bicicleta en el coche, agua, mochila, material….apenas he dormido repasando mentalmente toda la carrera, son muchas cosas nuevas, que todavía no he interiorizado, no forman parte de mi rutina y tengo que hacer un esfuerzo para no olvidarme de ninguna cosa, ningún detalle que pueda echarlo todo a perder.
Esta semana quise probar sin calcetines la parte de bici y carrera, pienso que agilizaría las transiciones y ganaría unos segundos, Dios, unos segundos, qué profesional!!!… que más me dará a mí unos segundos!. En fin, hice la prueba, resultado: la parte de bici bien, pero acabo con una ampolla en el talón izquierdo en la carrera a pie; ¡Fenomenal! a dos días de la competición, no creo que se me cure, lo que hace que: 1.- Tenga que ponerme, necesariamente calcetines y 2.- Tenga que colocarme además, un apósito en el talón para evitar acabar ensangrentado y con molestias. ¿¿¿No querías ahorrar unos segundos??? pues ¡toma dos tazas!
Desayuno un café con leche y unas tostadas con miel, que no me entran muy bien, porque, la verdad, no suelo desayunar a estas horas.
Me gustaría llegar a Castellón sobre las 6:30 a.m., para ir con tranquilidad, situarme, recoger el dorsal y preparar las cosas.
5:30 a.m. Salgo para Castellón, me queda una hora de camino, no sé cómo he colocado el porta bicis en el portón del coche, pero en cuanto cojo la autovía, mi coche empieza a dar un aviso con un pitido “Llave detectada dentro del vehículo” pues claro… voy yo dentro conduciendo, en fin, no entiendo nada, no le hago ni caso y sigo pensando que se apagará, a los 15 min, el pitido continúa, decido parar en mitad de la autovía y comprobarlo. Aparentemente está todo correcto, no puedo hacer nada, mejor así, el pitido hasta Castellón impedirá dormirme de camino. ¡Madre mía que sueño!
6:40 a.m. Llego a Castellón y decido aparcar unos metros antes de llegar al destino que me marca el GPS del coche, había introducido el Campo de Fútbol de San Pedro, lugar dónde vamos a realizar las transiciones. Empiezo a ver gente con bicicletas.
Tengo dudas de qué hacer, si descargar todo y la bici o ir primero a por el dorsal y regresar de nuevo al coche. Me decido a realizar una inspección del entorno, por si hubiera aparcado muy lejos. Todo correcto, estoy apenas a 500 mts. de la zona de transición y entrega de dorsales. Como se acerca la hora, recojo el dorsal, chip y después vuelvo a por la bici.
Empiezo a ver a compañeros del club, no me extraña, somos más de 30 los que vamos a participar en esta prueba. Reconozco algunas caras y me presento a otras, esto es una gran familia, un buen club. Muy contento de haberme apuntado y muy agradecido de cómo me han acogido.
Una vez recogido el dorsal y chip, primera lección de qué hacer con tanta pegatina. La compañera Yolanda Mir, me dice cómo y dónde hay que colocarlas y cómo hay que entrar en la zona de transición para dejar el material. Desmontado de la bici, casco puesto y abrochado, mochila al hombro y DNI en la mano.
He estado haciendo cuentas y una marca razonable para mi debut, sería bajar de 3 h., en torno a 2 h 50 min., podría estar bien, teniendo en cuenta que nunca antes he hecho las tres disciplinas de forma consecutiva.
Voy a por la bici, ya falta menos de una hora y todavía tengo que preparar todo. Una vez recogido el material y la bici del coche, me acerco a la zona de transiciones. En la entrada, recuerdo lo que me ha comentado la compañera hace unos minutos. Prácticamente todos los compañeros del equipo estamos en la misma zona.
Comparto momentos con los más veteranos que me van dando buenos consejos.
Es curioso, cómo las personas acaban interiorizando las cosas a fuerza de repetirlas y repasarlas mentalmente. Mis compañeros del club así lo han hecho, carrera tras carrera, una y otra vez. Los observo, cómo se preparan, cómo colocan las cosas, lo hacen sin pensar, no dudan, simplemente lo hacen de forma mecánica. Esto no es nada para ellos, los admiro, colocan todo en su sitio de forma ordenada, lección magistral de Fernando López, sobre cómo colocar el material, cómo recogerlo y cómo dejarlo en el momento de la transición.
Coloco la bicicleta mal y me indican cómo hacerlo correctamente. Repaso mentalmente cómo van a ser las transiciones y qué voy a necesitar en cada momento, sin olvidarme de los calcetines y el apósito para el talón, geles, bebida para el sector de bici, portadorsales, visera para correr, casco, gafas… Nos untamos de protector solar y vaselina para las axilas, cada uno las suyas, aunque hay zonas de la espalda a las que no llegamos y nos ayudamos unos a otros, como si fuéramos osos rascándose. Alguien canta “tú me das cremita, yo te doy cremita…” La bicicleta se queda ya en esa zona, junto con el material para la carrera, me cojo las gafas y el gorro que nos da la organización, amarillo con el número de dorsal pintado en él, en mí caso el 94. Me pongo las chanclas y nos dirigimos al guardarropía para dejar la mochila.
Vamos todos en grupo y no paro de preguntar cosas de última hora. Desde el guardarropía hasta la playa, veo que algún compañero, Jorge Gálvez, utiliza la técnica de los calcetines cochambrosos, técnica que yo utilicé en el Camino de Santiago con los calzoncillos y camisetas cochambrosas de “usar y tirar”. Podría ser una buena idea, pero como son pocos metros, en este caso, no es relevante, pero tomo nota para la próxima ocasión.
Foto de grupo, marea de Correcas, el naranja color predominante en la prueba. Ya en la playa, primeros nervios y especulación con el recorrido, desconocía que nos podían hacer salir del agua y así es el recorrido, dos boyas en paralelo a línea de costa – orilla y otra vez a buscar la primera boya en diagonal dibujando una U y un triángulo en el mar.
Gálvez me da otra lección sobre el chip. Yo había observado que todos los compañeros lo llevaban en el pie izquierdo, pero yo cómo debía colocarme el apósito, en algún momento en el tobillo, decidí poner el chip en el derecho, para no entorpecer la colocación, me aconseja hacer lo que la mayoría,… por algo será, para evitar posibles roces del chip con el plato del cambio, otra buena idea.


7:55 a.m., a 5 min. de que dé comienzo la carrera, ya nos colocamos al borde de la entrada , últimas risas entre los compañeros, pasamos a la zona de entrada, al borde de la orilla y en este momento nos aclaran cuál es efectivamente el recorrido.
Dan la salida!!! Ya no puedo pensar en nada más que en nadar. “Debutas en Triatlón y es Olímpico David, no sabemos lo que te vas a encontrar, echa el freno y ve tranquilo”, Me voy repitiendo en todo momento.
Hay bastantes olas en la orilla, mar movido, agua turbia y fuerte olor a gasoil, en los primeros metros. Me cuesta nadar, coger ritmo, las olas son fuertes y grandes, me golpeo con un nadador a mi derecha, rectifico la trayectoria y me doy con otro a mi izquierda, esta va ser la tónica hasta al menos la segunda boya, que el pelotón se va distanciando, ya estaba sobre aviso de que esto iba a ser más o menos así, en cada salida a respirar, veo a alguno del equipo, me tranquiliza y me sirve de referencia. Veo la 1ª boya cada vez más cerca, llegamos e intento dar la curva separado a ella, para evitar más aglomeraciones, pero me es imposible y me meto en el meollo. Veo a un nadador delante de mí que es arrollado, “Oye, oye, oye ,oyyggggaiiggintenta gritar, ya hundido; hay que andarse con ojo y no despistarse. Como ya me había contado algún compañero, que le dejaron sin gorro y sin gafas en una competición. O te haces respetar o te hunden… más o menos, cómo en la vida misma.
El recorrido se me hace cómodo, voy más o menos tranquilo, conteniéndome en todo momento. 2ª boya, sin problemas, y nos dirigimos hacia la orilla, siempre al resguardo de alguien del equipo. Cuesta salir del agua por la fuerte corriente de resaca. Nado todo lo que puedo, hasta que veo a un compañero que empieza a caminar, aprovecho el impulso de una ola, para salir y ponerme de pie. Salgo de la orilla, bordeamos una valla y volvemos en diagonal hacia la primera boya. Todo va bien, segunda vuelta mejor, ya conozco el camino y voy más tranquilo, ya he calentado, hago la 2ª parte algo mejor, tragaco de agua con gasoil, a vuestra salud!!!
Termino el sector de agua, miro el reloj 30 min, contento, más rápido de lo que me esperaba, pero ahora pienso…¿me tengo que subir a la bici ahora???? Me noto un poco cansado, llegamos a la zona de transición, un campo de fútbol. Vamos descalzos y los trozos de caucho del césped artificial se van pegando en los pies, y ¿ahora qué? ¿me rozarán? ¿me paro a quitarlos? ¡Paso!, me doy una sacudida con las manos, que apenas sirve para algo, me pongo los calcetines con tropezones de caucho, las calas de la bici, me coloco el apósito en el talón, tomo un gel, bebo agua, me echaría una siesta pero no es plan, me abrocho el casco, porta dorsal hacia atrás, cojo la bici y vamos para allá.
Empiezo la aventura de la bici, entro y salgo yo sólo de mi equipo de la zona de transición, algo extraño ya que somos muchos. No veo a nadie, delante de mí hay dos corredores más y me uno a ellos; Les propongo darnos relevos y me dice uno de ellos con cara de perro “Pero estas loco, quieres que nos reventemos, ¡tenemos que esperar a que lleguen!!! Pienso “¿Pero a que llegue quién???? ¿Una ambulancia????”, vale David, ahora a callar, pedalear y a esperar”…. a los pocos minutos oigo que me dicen, “Prepárate que ya están aquí!!!” Esto parece una peli de extraterrestres o zombies, me giro y veo a 6 ciclistas, en fila india, como un tren de alta velocidad, empiezo a darle a los pedales a tope, y en cuanto nos rebasan nos enganchamos. Me recuerda las escena esas en las pelis, cuando el protagonista intenta subir a un tren y empieza a correr a toda prisa, hasta que alcanza una velocidad considerable y decide dar un gran salto dentro.
Nos enganchamos, esto es lo que en términos ciclistas se conoce cómo “ir a rueda” que prácticamente es ir tocándote los… kiwis. Me quedo el último y me dejo llevar, al cabo de unos minutos, apenas he pedaleado, cómo estoy fresco, se me ocurre ir adelantando hasta llegar a las primera posiciones, decido ponerme en cabeza y tirar un poco, al cabo de 27 segundos, me adelantan, todos…. Zas! Otra más…. “David: callar, pedalear y dejarse llevar”me vuelvo a quedar el último del grupo y esta vez me quedo aquí a verlas venir. Vamos bastante bien, veo en el cuentakilómetros velocidades que nunca antes había llevado, 38/40/42 sin apenas pedalear, es increíble. La marcha se hace cómoda, salvo los giros, en los que el grupo aprieta algo más a la salida de ellos, esto hace que esté alerta al aproximarme a giros o rotondas, los puedo aguantar. Todo bien hasta la 3ª vuelta, el grupo se ha ido haciendo cada vez más grande. Viene un grupo por detrás, con dos Correcas, me parece leer sus apellidos en el tritraje, Clérigues y Gálvez , se ponen a la cabeza del que voy yo. Creo que no me han visto y no me extraña, aquí voy agazapado, como una hiena, sin hacer ruido. Continúo sin problemas y sin forzar, pensando en la última parte, decido tomarme un 2º gel, estos no los había probado antes, están muy empalagosos, necesito beber agua.
Nos aproximamos a la zona de transiciones, veo que los compañeros que van delante, empiezan a desabrocharse las calas e incluso a descalzarse y apoyan sus pies encima de los pedales con zapatillas, qué profesionales!, yo aguanto hasta el final y cuando veo que el que va delante mía se baja, lo hago yo también, pero oigo una voz que grita “Dorsal 94 ha de bajarse antes de la líneaMe sale del alma: “Disculpas, pero tranquilo que no voy a ganar” otra cagada de novato.
Hay que bajarse de la bicicleta antes de una línea de marcación, que está antes de llegar a la entrada de la zona de transición. La verdad es que lo sabía, pero cómo estaba tan concentrado fijándome en los compañeros de delante se me había pasado.
Segunda transición, desmonto de la bici y entro a la zona de transición, esta vez me rio del caucho porque llevo las calas. Conforme me acerco, veo que todas las bicicletas de mis compañeros están en su sitio, con lo cual, ya están corriendo, dejo la bici, me quito el casco, cambio de calzado, me doy la vuelta al dorsal, cojo un gel para lo que pueda venir y la visera para el sol.
He terminado bien el sector de bicicleta, en torno a 1 hora, bastante más rápido de lo que yo había calculado, de momento estoy mejorando mis previsiones, aunque ahora me queda la parte que más sufro, la carrera a pie.
Decido ir contenido, es largo y no quiero que se me atragante, no quiero mirar el reloj, ahora lo único que me preocupa es acabar con buenas sensaciones, según me encuentre, había calculado a ir sobre 5 min/km., que es un ritmo cómodo para mí, me noto las piernas cómo palos, algo extrañas después de la bici, pero me responden bien. Tal y como en la primera transición, entro y salgo sólo de mi equipo, no veo a ningún compañero, empieza la carrera, nos encaminan hacia el paseo de la playa.
El circuito de carrera es un recorrido sobre 1.100 mts. lineales por todo el paseo de la playa, con zonas de firme de piedra y otras de pasarelas de madera que hace más incómoda la pisada, haciendo giros de 360º con lo que forman vueltas sobre 2.200. Debemos dar 4 vueltas a este recorrido, para hacer un total sobre 9 km, un 1 km menos de lo que me esperaba y que no sabría hasta el final, GRATISSIMA NOTIZIE!!!


Primer km. Me avisa el reloj, lo miro por curiosidad aunque me había propuesto no hacerlo, 4’44”/km, más rápido para lo que yo esperaba y quería. Decido bajar el ritmo, por lo que pueda llegar, no quiero que se me haga largo. Segundo km, vuelvo a caer en la tentación y me asomo al reloj al notar la vibración en mi muñeca, 4’48”, he bajado el ritmo pero no mucho, me encuentro bien, pero esto acaba de empezar, prefiero no confiarme y decido seguir con el plan establecido.
Voy cruzándome con los compañeros en un vaivén de ida y vuelta, adelanto a alguno y me adelantan, incluso me doblan otros. El recorrido se hace muy monótono, tenemos sólo dos alicientes en él, la parte dónde dan las botellas de agua, y la zona dónde está Mónica, la mujer de Julio Torres, encargada de hacer las fotos para los del equipo, y en la que debemos poner nuestra mejor pose, jejeje,
Van pasando los km y voy contando las vueltas, que se me hace menos cansino, la llegada a la meta me anima, pienso una y otra vez, “mi primer triatlón, me encuentro bien y lo voy a terminar
A punto de finalizar el km 9 y de vuelta a la zona de giro, nos reconducen hacia la zona de transición, calculo que faltará entonces un km más, pero al cabo de unos metros, a lo lejos veo la entrada a meta ¡Genial!!!! Qué alegría, 1 de Julio, estamos ya en rebajas y nos han descontado 1 km.
Hacía mucho tiempo que no terminaba una carrera así, y además con esa alegría añadida del recorte en la carrera. Es mi primera competición desde que hice el maratón el pasado mes de Noviembre, desde entonces no había vuelto a participar en ninguna. Y no recuerdo antes haber terminado una carrera tan entero y contento. Desde luego, el hecho de haber sido conservador me ha ayudado mucho, de ir con el freno puesto, concentrado en no vaciarme, en disfrutar, en vivirlo, yo que soy de los de salir a lo loco y me voy desinflando después…me ha servido de experiencia, algo que he sabido siempre y que nunca lo he hecho, ir de menos a más.
¡Esto es Triatlón!!!! Es deporte, es sacrificio, compañerismo, pero por encima de todo disfrutar y pasarlo bien.
Quiero agradecer a todos los compañeros que han tenido la paciencia de ayudarme, aconsejarme y responder a mis preguntas de principiante, por muy tontas que fueran, de verdad muy agradecido.
Y también a Dani Casterá, Javi y Pakito que me han iniciado en la bicicleta, una parte totalmente desconocida para mí hace apenas tres meses.
PD: al final hice un tiempo de 2 horas 21 min, pero esto es lo de menos!!!



lunes, 18 de junio de 2018

ZARAUTZ 2018: Inmaculada Alarcón o cómo batallar contra la adversidad


Zarautz es el triatlón de los triatlones. Desde que me apunté   me he despertado muchas veces, en mitad de la noche ,sobresaltada y pensando por que coño me apunté.
Llegue a Zarautz el día de antes,  a la hora de la cena.

Cenamos todo el grupo juntos, en un sitio difícil de encontrar ,pero muy bueno, que ya había reservado Álvaro tiempo atrás.

Al día siguiente, a primera hora, salimos a buscar mi dorsal. El día ha salido bueno, hay sol radiante y alguna nubecilla. Después de todo, parece que no lloverá .Se hace la hora y salimos del apartamento,  Lacomba, Cuñao y yo con la bicis y cargados ya con la mochila con todos los enseres para el lío.

El bus de la salida de las chicas sale a las 12:30, el tiempo a veces corre mas deprisa ,hablo con unos y con otros ,ya en la playa  de Guetaria. El cielo está plomizo y ya esta lloviendo algo. Daban mal tiempo. Hay varias mujeres que me han dicho que ya lo han hecho varias veces e incluso una señora, que igual tenia mi edad, me dice que si ella lo puede hacer, lo puede hacer cualquiera. Bueno, ya veremos.

Ya son las dos.  Los chicos se han acercado a animarme ya en la salida. Me alegro mucho, no estoy tan sola.

Al agua. Con neopreno, nadar 2900  metros es algo mas fácil, aunque no te puedes dormir en los laureles .Dan la salida , entro medio corriendo y le doy al start del Garmin.
Me pongo a nadar de las últimas y enseguida creo que dejo un grupo de chicas detrás. Voy bien. Me pongo a pies de una que lleva un ritmo rápido pero cómodo para mí.
 Miro el fondo y no veo nada,  una lastima, seguro que era bonito ,pero como esta lloviendo no veo nada,  el agua parece  limpia. Entre la primera y la segunda boya me doy cuenta de que pasan los chicos ya. Pierdo a mi compañera y me pongo a pies de uno. Llegar a la tercera  boya se ha hecho largo  ,pero ya solo queda el ultimo giro. Llegamos a la playa y parecemos croquetas por culpa de las olas ,peleo para no dejarme llevar por la absorción. Veo a la gente en la playa, estoy muy cerca. Al fin salgo del agua, he hecho buen tiempo,  menos de 57 minutos. No va mal y no estoy cansada, voy fresca.

Esta lloviendo, pero bien. Voy a la bici. Me había dejado el maillot para  ponérmelo ,pero esta mojado y paso .No hace demasiado frío. Hay acumulación de gente en la salida, salgo con la mayoría. Empiezo a subir el puerto famoso ,me resulta cómodo y fácil, pero no quiero ir a saco por que quedan un montón de kilómetros y hay que ser conservador.
Lo bajo. Llueve. Podría ir mas rápido pero voy clavando los frenos porque me da terror resbalar, meterme una hostia y romperme el brazo o algo. Veo lo menos cinco o seis pinchazos .Ya en esa primera vuelta , me doy cuenta que voy demasiado despacio y que la media no la recuperaré ,pero en fin, continuo.
Este año no son dos vueltas circulares , anularon quince días antes por problemas técnicos y han cambiado el recorrido de la bici. Ahora el puerto de Meagas, asequible, lo tenemos que subir y bajar dos veces, o sea ,cuatro puertos en 50 km, no duros, pero todo suma.

Me han ido pasando y cada vez me pasa menos gente. Soy de las últimas, pero aun no soy la ultima, queda gente detrás de mi. Mis piernas empiezan a notar cansancio y aun me queda una última vuelta, la del muro de Aia. Me habían dicho que después del muro era ya todo bajadita. El muro es jodido. Además el cemento está mojado y resbala más. Al final, como la rueda resbala   , me da miedo y pongo pie a tierra. Subo la última parte andando. La bajada es mucho más suave   , pero me da la impresión que es un camino de cabras, es estrecho y clavo los frenos. También está mojado. Está todo mojado. La gente que queda en los caminos llevan los paraguas abiertos. Bajo de Aia, cruzo un puente que ya había cruzado antes y me dicen noseque de la subida al camping. Me desvían por un caminucho   ,también de cemento ,además lleno de baches, craquelado y mojado. A ese camping solo van las cabras, es un camping de cabras por que hasta andando se hace jodido. Ahora si soy la última, el que iba detrás de mi me pasó en la bajada del muro de Aia .Tengo al de la moto al lado, pero la subida esa ya me esta rematando. Si Aia tiene como un 21% esta debe tener 18%,es mas corto ,pero es mas chungo por que es el ultimo y tus piernas se quieren ir. Churruca se llama, churrasco llamo yo .Estos vascos están locos ,está claro .Son  vascos, yo de un pueblo de al lao  Lo termino ,pero ya he tirado la toalla. No quiero correr. Mi vocecilla interior me dice al menos que lo intente, que si llego antes que el corte que por lo menos empiece, pero en realidad estoy deseando que me corten  ,no podría correr auque quisiera ,además yo gasto mucha energía corriendo y no duraría ni cinco minutos, como para correr 21 kilómetros.

Al final, me cortan .Por un lado me jode, pero por el otro me siento aliviada. Cuando me cortan lo primero que pienso es que eso no lo vuelvo a repetir ni de coña. Llego a la transición y el juez me dice que estoy fuera de tiempo “ ya lo sé” Tiempo entrenando, cansancio ,esfuerzo y de todo se han ido en algo menos de ochenta kilómetros. Me doy cuenta de que era una locura. No debía haber entrenado suficiente, quizá me ha faltado un mes o por ahí. Por lo menos lo he intentado, me hubiera sentado peor no hacerlo.

Estoy en el box, viendo como corre la gente, muchos van un poco cojos y casi ninguno tiene pinta de ir fresco. Veo a Lacomba  , Cuñao, Álvaro y a Charly
-¿Qué haces ahí?¿que te ha pasado?-
-¡nada! Que he pasado de todo y me han cortado ¡!-
.
Mi marido habla con un chico que conocemos y le dice que este año el desnivel era el doble, Este chico lo ha hecho en menos de cinco horas y dice que hasta en la carrera ha dejado pasar gente por que no podía más.
Pero yo no lo se ,en la T1 la cagué con el reloj y no me contó nada. No se que desnivel, solo se que he visto a mucha gente correr en mal estado y creo que este año la carrera se ha dilatado mas de lo normal. Será por algo.

Mi marido me consuela diciéndome que lo he hecho bien ,que era una locura ,que me puedo hacer cualquier medio que sea mas llano sin problemas ,pero yo quería Zarautz.
Pero imposible .No vuelvo allí ni de coña, durísimo y esta edición, más. Era absurdo. Con 48 años, casa , hijas, entrenado y con poco margen de descanso….de locos.

Pero creo que algo se me perdió entre Aia y el camping de las cabras ; mi vocecilla interior no para de repetir con tono tetrico, como si fuera un fantasma arrastrando sus cadenas…”Zarautz …Zarautz…Zarautz….Zarautz….”

No sé si volveré ,lo que si sé es que aún no me he rendido.

Frases famosas de Zarautz:

“ Una y no mas ,Santo Tomas”
                                 Lacomba

“……………………..”
                                Cuñao

“Me acaba de confirmar la organización que mi tatuaje es permanente.Era una broma que querían gastar y me ha tocado a mi” 
                                                                          
                                 Álvaro Bonastre

“Tengo las piernas como dos palos”
                      
                               Carlos Espinosa



“Un verdadero guerrero estudia la derrota para convertirla en victoria.”
“ El mejor guerrero no es el que triunfa siempre, sino el que vuelve sin miedo a la batalla.”

                                                                                          Dolores Ibarruri.


miércoles, 8 de noviembre de 2017

Maratón NY por Javier Solsona

No hay duda de que hacer una maratón es una experiencia vital, si además la haces a 7.000 kilómetros de casa, junto a otros 60.000 participantes y en Nueva York, está claro que si eres un enamorado de los deportes de resistencia es uno de los grandes hitos a los que puedes aspirar.

Pero no es fácil correr la maratón de Nueva York, en absoluto. Primero cuesta una pasta (inscripción, hotel, vuelo, ….); segundo, como no te toque el dorsal en el sorteo, que es francamente difícil, aún es mucho más caro, hay que viajar con un turoperador; tercero, es dura, muy dura.

Siempre es dura una carrera de 42,2 kilómetros, pero más si el terreno es totalmente ondulado: subida, bajada, subida, bajada,.... y si a eso sumas que llegaste hace dos días a una de las ciudades con más encanto, que la has vivido en las películas y te has pasado todo ese tiempo caminando de un lugar a otro, aún es muchísimo más dura.

Pero eso no es todo. El sábado te has acostado con las piernas cansadas de tanta caminata y mañana es la maratón. Además esa noche se cambia la hora en Estados Unidos, ya sabéis, a las 3:00 las 2:00 como hacemos en España una semana antes, así que hay riesgo de quedarse dormido y no coger el bus que a las 5:15 de la mañana te ha de recoger para llevarte a la salida.

A las 6:30 ya estamos en la zona de salida, en Fort Wadsworth, en el barrio de Staten Island, un recinto militar donde habrá que esperar pacientemente  casi tres horas y media (más de 4 si sales en las oleadas posteriores) a que se dé la salida. Hace un frío que pela, hay que buscar un rincón donde no sople el viento y taparse con todo lo que puedas, pero está lleno de gente y no es fácil encontrar un buen sitio, más si la lluvia va humedeciendo el suelo.

Después de una larga espera comiendo donuts, café, geles, isotónica y otras “delicias”, llega el momento de la SALIDA. Empieza una de las grandes experiencias que se puede vivir como corredor. Tras la parafernalia tan americana del himno y el cañonazo.... a correr!

Los primeros kilómetros son alucinantes, después de la subida y posterior bajada al puente Verrazano que une Staten Island con el barrio de Brooklin te encuentras las calles repletas de gente en las aceras animando como locos, como si les fuese la vida en ello, te llevan en volandas, demasiado, muchos lo acabarán pagando, y comienza  el carrusel de grandes rectas con terreno permanentemente ondulado, con un público enfervorizado, con banderas (muchísimas de España) y carteles de ánimo.

Sacan de sus casas plátanos, naranjas, refrescos, para echar una mano, te llaman por el nombre que llevas en la camiseta, vas totalmente flipado entre la riada de corredores y corredoras que aún frescos sacan las cámaras o el móvil para plasmar el momento. Hay mucha gente corriendo, te encuentras con unos de Salamanca por las calles de Queens, de Sevilla, Extremadura, de Tarragona o de Valencia por Manhattan, una pareja de Cheste que corre a tu lado en el Bronx y grita “ese Correca”, … y todo es una pasada Hasta que los días haciendo turismo y las cuestas se te echan encima y te dejan las piernas como el corcho. Ahí te das cuenta de lo dura que es la maratón de Nueva York, pero resistes, porque sabes que eso sólo suele pasar una vez en la vida. Y llegas a Central Park, a la META, y eres un héroe.

La gente que se cruza contigo en la calle de camino al hotel te dice “Congratulations!”, “Great Job!”, y te das cuenta de que has hecho algo grande, algo que quizás en otro lugar no valoras lo suficiente.

Para acabar de saborearlo sólo te queda la mañana del lunes, antes de tomar el avión rumbo a casa, colgarte al cuello el pedazo de medalla de 10 centímetros de diámetro y 150 gramos y salir a pasear por Central Park, por la zona de meta, donde un montón de frikis como tú se pasean saboreando el triunfo en Nueva York, la mejor maratón del mundo.

martes, 10 de octubre de 2017

Northwest TriMan y Challenge Madrid 2017. Crónica de Urotraitleta(Argi)

NorthWest Triman y Challenge Madrid 2017: otra ronda de larga distancia.

Un año más finaliza la temporada,  y un año más aprovecho los exámenes de
septiembre para “recuperar nota”. Maniobra a la que no estaba acostumbrado
en mi época estudiantil, pero que desde años ha venido a equilibrar mi
temporada deportiva.

Aquellos que acostumbran a “entrenar para competir” dicen que entrenar en
verano es muy duro. Cierto, quizás debido a que en nuestra tierra acostumbra
a “hacer fresquito” y las prolongadas cenas veraniegas con sus
reglamentarias
cervezas no  ayudan mucho a levantarse prontito para entrenar.

Pero sin embargo, aquellos que gustamos de “competir para entrenar”, dicho
de otra manera, que buscamos cualquier excusa para seguir activos, en verano
somos felices. Probablemente  porque las vacaciones laborales facilitan
encontrar tiempo para entrenar. Así no es necesario llevar la mochila cargada
con todos los adminículos deportivos al trabajo con la mínima esperanza de
que un cliente anule una reunión para sacar una hora y echarse una carrerita,
o que el jefe haya salido de viaje y podamos salir antes del trabajo o la
clase de catecismo de los niños sea doble y podamos acudir a la piscina.
Sabemos de verdaderos artistas, capaces de meter unas zapatillas y muda en un
minúsculo maletín de trabajo e incluso algún “mago” que guarda la
bicicleta en la taquilla del vestuario de empresa.

Un año más me había propuesto realizar dos “largas distancias”. Y no se
trataba de “postureo” (no acostumbro y además no luzco) ni tampoco de una
promesa penitencial. Se trataba de algo más sencillo y habitual en la especie
humana, repetir aquellas cosas que nos gustan (aunque quizás sea más fácil
de entender con las “croquetas de una madre”  o con un Gin Tonic bien
preparado).

North West Triman 2017

Llevábamos mucho tiempo hablando de este prueba en las nuestras habituales
concentraciones previas a los grandes triatlones, realizadas todas de forma
semi-clandestina en una horchatería (para no levantar sospechas hacíamos el
esfuerzo de devorar multitud de “fartons” y decíamos que no entrenábamos
casi nunca y nos dolía el tobillo). Y si tenía fama de duro y bien
organizado, se cumplió con creces.

Precio muy asequible, la cual cosa agradecí después de haber despilfarrado
la inscripción al anterior Ironman Mallorca por el sutil detalle de partirme
el omoplato en una caída leve (leve porque la bicicleta no sufrió ningún
daño).

Organización estupenda. Los triatlones son como los restaurantes, si el trato
es familiar el resultado suele ser bueno. “Ventanilla única”, todo en el
mismo sitio y con aparcamiento sencillo (no había un trekking coche-T1  y
además era un parking “fijo”, porque en general siempre está más lejos
cuando acabas la competición que cuando vas por la mañana).

La natación se hacía en un lago de aguas cristalinas. Todavía recuerdo
Vichy, donde nadamos en aguas turbias y donde tenías la sensación de dirigir
un submarino, con visibilidad nula y navegación por “sonar”. De hecho, un
triatleta se comió el “juanete” del triatleta al seguía cuando este
freno bruscamente al apercibirse que se había pasado la boya y estaba en el
océano atlántico.

Eso sí, la bici, llana, lo que se dice llana, no era. Cuatro vueltas a un
circuito con una estupenda recta de 200 metros en la que ni subías ni
bajabas. Y donde se cumplía una de las máximas del ciclismo: la dureza es
directamente proporcional al número de aerogeneradores (los conocidos molinos
de viento, el “amigo del ciclista”) que rodean a la carretera. Por lo
visto, en As Pontes es el único sitio en Galicia donde están autorizados,
porque los había a cientos.

Pero si por algo va a ser recordado As Pontes, una vez más, fue por el
ambiente entre los propios compañeros. Decir que la larga distancia es
distinta suena a “tópico”, pero es la pura realidad. El desafió al
sentido común, el atractivo de completar una distancia que impone tanto
respeto y sobre todo, el reto de administrar tus energías y tus capacidades
para acabar dignamente hacen de estas pruebas de triatlón (las genuinas, no
lo olvidemos nunca) un mundo fantástico. Y este halo “místico” une de
una forma indeleble a todos los compañeros que acudimos juntos a estos
eventos.

Y dentro de todos los momentos vividos juntos, es en la carrera a pie, donde
se lucha cuerpo a cuerpo con la fatiga y el dolor de piernas,  cuando el cruce
con tus compañeros tiene un sentido especial.  Aunque en honor a la verdad,
el compañerismo siempre se entiende mejor,  cuando ves que tu compañero no
te alcanza por detrás. Y qué no decir del encuentro con tu familia, no solo
la familia original, sino también la adoptada, la de los demás
“correcas”. La Asociación Española de Nutrición ha calculado que el
beso de un hijo equivale a 20 barritas energéticas. Y yo lo viví y lo puedo
certificar.

Y entre cruces, besos y demás avatares, vas alcanzando la meta. Y lejos de
pensar en todo el esfuerzo que has realizado para llegar hasta aquí, las
privaciones y los sinsabores del entreno, debes pensar seriamente en poner
buen gesto, recuperarte y prepararte para una foto que vas a querer enseñar
durante mucho tiempo. Bromas aparte, ese último km es delicioso. Es íntimo e
indeleble, siempre estará allí y nadie te lo podrá arrebatar jamás. Y
probablemente esa sea la razón que nos lleva a repetir algo que ya hemos
demostrado que podemos hacer.

Challenge Madrid 2017

Completado con satisfacción el octavo, nos encaminábamos hacia el noveno. Y
probablemente en los triatlones largos pase como en las rebajas, siempre al
principio hay más donde elegir y suele ser de mejor calidad.

Un triatlón con 2800 metros de desnivel acumulado en bicicleta no inspiraba
mucha tranquilidad. Canencia, Morcuera y Cotos, suenan más a Vuelta a España
o la “Perico Delgado” que al segmento ciclista de un ironman.  Pero o bien
la organización se equivocó de fichero “Word” al hacer el recorrido o
bien no había ningún pantano más cerca de la capital.

Todas las facilidades logísticas de As Pontes se esfumaron de golpe en este
triatlón. Dorsal y bolsas en la Cibeles (dos días antes, lo que te obliga a
confeccionar la bolsa de avituallamiento con mucha antelación e incrementa
ostensiblemente la dureza del bocata preparado al efecto), control de material
y bicicleta a 70 km de Madrid (con atasco incluido por las ubicuas obras de
pavimentación) y lo que es más grave, viaje matutino en autobús a las 5 de
la mañana (estilo jubilado ansioso por llegar pronto a los sitios).

8.00.00 am…Salida a orillas del pantano
8.00.05 segundos…primera y única fatalidad….mi tercer dedo del pie
derecho detecta (llevaba el sonar activado) pero choca bruscamente con una
piedra madrileña, a escasos 3 metros de haber iniciado el recorrido. Se
podría decir que “no empezaba con buen pie”. La cortical del hueso
aguante el envite, pero mi dedo cambia a partir de entonces de color, de
tamaño y sensación corporal. Digamos que ya tengo algo en que pensar durante
la natación. Y porque no decirlo, durante todo el recorrido.

Salgo a por la bici, no sin antes contratar a un brigada forestal para
allanarme el camino hasta la bicicleta, dado que mi pobre dedo no está para
más sobresaltos. La inspección visual en este momento es aceptable y decido
seguir con la bici.

Durante el segmento ciclista, con todo el desnivel acumulado, tengo suficiente
distracción como para pensar en mi dedo. Pero si bien los puertos son duros,
muchísimo más es el tramo de enlace (90km) entre la sierra y la capital.
Mensaje importante…meseta madrileña no equivale a terreno llano. Todos los
toboganes de la Warner Bross y el Parque de Atracciones los habían alquilado
para el segmento bici.

Y llego a la T2. Ansioso por ver mi estado digital…y allí sigue,
vascularizado, morenito y gordito, pero con un dolor contenido que no hace
sospechar fractura clara. No obstante, en este momento me considero triatleta
y no facultativo y paso por el consultorio (aquí sin demora, menos mal)

Y con casi siete horas de bici encima y un dedo del pie que no reconozco como
propio, encaro la maratón. Si ya de base corro mal, la actitud de defensa
para proteger mi dedo me hace correr como un pato, y en dos ocasiones soy
enviado al Rio Manzanares porque me confunden con un pato que se ha escapado
del rio.

Pero aquí se viene a sufrir y a acabar la faena, y disfruto de una maratón
con gran ambiente  y plano (no como la de As Pontes).Eso sí, si los
avituallamientos del Pure226 de Marina dÓr eran “autoservicio”, aquí
eran “espartanos”.

Los geles se acaban en la primera vuelta, el agua no estuvo fría en ningún
momento y como única bebida sustitutiva, una propia de la organización, que
por decoro profesional no puedo detallar. De hecho, se recomienda en un futuro
prepararse un picnic, dada la buena calidad de los parques madrileños. Pero
nuevamente disfruto de mi familia, del cariño constante y los ánimos
reconfortantes. Y de un público madrileño que no para de animar.

Y si el último km de un ironman siempre es especial, aquí los ingredientes
son de máxima calidad. Una larga subida a la Puerta del Sol que te expone a
la mirada atónita y sorprendida de todo un público turístico que no deja de
un momento de jalearte y aplaudirte. Y como no, el encuentro deseado con tu
familia. En este triatlón, saltándose la absurda norma establecida, te
permiten entrar con las personas que más se han implicado en que llegases a
ese punto. Y rodeado de tu familia, en la mismísima Puerta del Sol, con el
sonido de los aplausos, la música y las luces giratorias y abrazados a los
tuyos, cruzas al arco de llegada, relajado como si te acabaras de levantar de
una siesta, emocionado y simplemente, eres FELIZ.

martes, 26 de enero de 2016

CRÓNICA DE LA TEMPORADA 2015


TÓCALA OTRA VEZ..SAM

Esta frase vuelve una y otra vez a mi cabeza cuando irremediablemente damos carpetazo a una temporada.

A estas alturas, pienso que ha sido un año estupendo, irrepetible, lleno de grandes momentos deportivos y de pronto, viene otro y lo supera. Por eso, finalizado 2015, pienso de nuevo  que quizás sea irrepetible.

Como no me gano la vida en ello y no tengo necesidad de alcanzar ningún pico de forma para brillar en las clasificaciones, he decidido tácitamente alargar la temporada lo máximo posible, porque cuando más tiempo dura, más tiempo disfruto.

Empezamos:

SALVEMOS LA ANTARTIDA…Y TAMBIEN BANYERES DE MARIOLA.

Si los grupos ecologistas ven perdida la batalla de salvar la Antártida, siempre pueden apostar por salvar este recodito lugar de la sierra alicantina. Aunque no hay osos polares ni petróleo, hace muchísimo más frio y es igual
de inhóspito. Cada año, algunos inconscientes, encabezados por el incombustible Yousef, apostamos por empezar aquí la temporada.

A pesar del calentón inicial de una puñetera rampa dentro del mismísimo pueblo (aquí los jubilados tienen unos “gemelacos” impresionantes), no entras en calor hasta que acabas la prueba y enciendes la calefacción del coche. Este año han descalificado a uno por salir a correr  desde la T2 con el manillar de la bici, pues se le habían pegado los dedos a las manetas del freno en estado de semi-congelación.

Pero a pesar de su dureza, conserva la esencia de este deporte, y por decirlo de alguna manera, es el “triatlón de Cuenca en versión invierno”.

DUATLON DE ORIHUELA, VIENTOS DEL PUEBLO.

Si uno lee el nombre de esta prueba, y no sabe lo que se va a encontrar, es que es rematadamente tonto. Aunque en general, suele pasar lo contrario en la versión listillo que dice “vaaaaaa….no será tanto….”……pues sí, sí que hace viento.

El equipo se amplia, y se añaden Mario y Edu, otros dos veteranos forjados en duras batallas.   Aquí, conseguir abrir la puerta del coche en el parking sin dejarte los dedos de los puñeteros portazos y sacar la bici sin que arranque solita es toda una odisea. De hecho, tres días después de la prueba, conseguí rescatar a un orihuelano que se había colado en el coche empujado por una ráfaga al abrir la puerta y que se había empotrado en el salpicadero.

Duatlón larga distancia, con 100  metros de carrera planos y todo lo demás, sube y baja, pero siempre por caminos y pistas, lo que es un alivio para las articulaciones y un segmento de bici en el que vuelve a aparecer el famoso fenómeno “vientos oscilantes incrementantes”, en el que por mucho que cambies de dirección y sentido, siempre te lo encuentras de frente y cada vez más fuerte.  El profesor Ventouri, que describió este extraño fenómeno, ha sido propuesto recientemente para el Premio Principe de Asturias.

Pese a ello, allí estuvimos los cuatro, como hombrecitos, y nos comimos la paellita calentita como señal de que cumplimos con los tiempos establecidos.

TRIATLON OLIMPICO MALLORCA

Y después de dos pruebas con climatología adversa,  no tenía más remedio que apostar por un valor seguro para conseguir competir sin tener que preocuparme de los síntomas de congelación o en no perder una oreja en una ráfaga de viento.

Prueba muy recomendable porque en esa época del año, la costa mallorquina tiene un color espectacular, el clima es bueno y los paisajes que recorres en bici son deliciosos (momentos publicitarios patrocinados por el Excelentisimo Consell Insular de Mallorca). Además, desde el último Ironman Mallorca 2015, estoy acostumbrado a competir en mi tierra rodeado de extranjeros.

Acudo flanqueado por mi excelente Directora Deportiva, papel que simultanea con el de madre. Aunque no hay que llevarse a engaño, ya que su instinto protector maternal no le impide dirigir con mano dura mi progresión deportiva. En esta prueba recibo cierto correctivo por haber perdido el grupo de bici con el que salí en la T1. Y no le sirve la excusa de que hacia menos de 12 horas que había alquilado la bici (en una tienda que distaba 500 metros del hotel de concentración) y no me había dado tiempo más que a ajustar la altura del sillín y colocar las calas. Me recuerda que mi mejor sector es el ciclista y que no ando sobrado de cualidades como para ir perdiendo grupo. Quitado este pequeño detalle, es una bendición que en un olímpico solo haya que correr diez kilómetros y el trámite carrera se solvente en poco tiempo.

DUATLON DE RONDA. LA LEGIÓN 101.

En mi modesta opinión, la mejor carrera posible. Ambiente excepcional, recorrido espectacular por la sierra de Ronda y una organización impoluta, fruto sin lugar a dudas de la disciplina militar (aquí no hay patrocinio, es la pura realidad). Cada año que acudo, me enamoro más de ella. Además, esta cuarta vez, tiene el aliciente de que acudo con mi mentor y compañero de fatigas y esto le da un tinte aún más especial.  Si la larga distancia es para hombrecitos y mujercitas, a esta prueba hay que añadirle un puntito más. Y si alguien duda de mi palabra, no dudéis en consultarlo a Mario.

Si algún otro inconsciente está tentado en acudir en un futuro, no se olvide la mochilita de agua para la carrera. Por lo visto los legionarios no tienen la sana costumbre de beber cada 3-5 km y por lo tanto, los avituallamiento distan considerablemente entre si, distancia que fisiológicamente se hace eterna si uno está corriendo por encima de los 30 grados por esos andurriales.

Ya sabeís que aquí a la llegada no te reciben los “cracks” de nuestro club con la cervecita en mano para recortarte que te han torrefactado. Aquí te espera un carnero y un rancho militar que te comes muy a gustito y a los que no pertenecemos al ámbito militar nos recuerda nuestra época de la mili.

OLIVA MEDIA DISTANCIA.
La versión media distancia de un clásico. Y que mejor manera de acudir a un clásico que flanqueado por los capos de la larga, Rafa y Yousef, flanqueados en este caso por su corte masculina, los también grandes Andrés y José Sanchís.

La gracia de que vaya Andrés es intentarle coger mucho tiempo en bici para que te adelante lo más tarde posible en la carrera a pie. Pero claro, 21 km dan para mucho y la fiesta acaba pronto. Ya lo dice mi Directora Deportiva de que debo mejorar en carrera.

VALENCIA LD

“Valencia LD, la fiesta naranja”.  Correr en casa se nota y me encanta romper la tradición de ser el único “correca” que acude a un determinado triatlón (en parte culpa mía por correr en sitios exóticos y pruebas alejadas del circuito habitual de la corta distancia).

El peculiar circuito de bici que monta la organización no es que permita el drafting, sino más bien lo que permite es la romería. Corren por allí acusaciones veladas que determinados miembros del club han peregrinado a la Ermita de Betera, en solemne procesión ciclista, ataviados con un trimono naranja, velorio en mano y guardando una escueta distancia de medio metro con el ciclista que le precedía.

El circuito pedreste no permite controlar adecuadamente la “distancia de seguridad para la torrefacción”,  y en un solo punto de giro es difícil calcular a que hombrecito de naranja te puedes torrefactar o, alternativamente, por quien vas a ser devorado en sus fauces.

Eme aquí, que mi particular torrefactor, Don Andrés, se tiene que exprimir y como dicen los clásicos, en esta ocasión “muero en la playa”, a falta de escasos 800 metros de la llegada (chavalito, ya puedes apurar que  la próxima no me trincas)

IRONMAN VICHY 2015

Y llegamos a la fiesta anual de la Larga Distancia. Y mira por tu por donde, que en el reducido grupo de la sección que nos dedicamos a este ámbito, el número de espabilados es escaso.  Tan solo Rafa, Andres y Edu, logran esquivar el suplicio y se apuntan a otras pruebas. Los demás incautos deciden seguir mi estela y se apuntan al Ironman Vichy 2015.  Quiero pedir disculpar públicamente por abocar a mis compañeros a esta prueba, verdadero calvario.

Prometo que lo hice con buena intención, natación tranquila en un canal con neopreno casi asegurado, parajes ciclistas típicos de la campiña francesa, sin puertos y a dos vueltas y una carrera similar a  Roth, con zona arbolada y recorrido agradable.  Finalmente, zona turísticamente atractiva y un precio asequible pese a ser franquicia Ironman.

Bien, pero lo que nadie nos dijo es que iba a hacer un calor y humedad espantoso, que el agua estaba más turbia que una cerveza Guinnes y que el ultimo asfaltado que se llevaron las carreteras de la zona fue previo a la
primera guerra mundial.  Y debido a esas menudencias me pase toda la carrera pensando cómo me iba a ganar el perdón de mis otros cuatro compañeros.

Para aquellos que todavía no conozcáis el verdadero ambiente “Correcaminos Travelling”, os lo recomiendo encarecidamente. Como he dicho en multitud de ocasiones, es un verdadero placer sentir el calor y los ánimos de todas nuestras familias a lo largo del recorrido. Todos sabemos que estamos siempre en deuda con ellos.

Lástima de las inclemencias del recorrido porque Yousef hubiera sido sub-10 merecidamente. Mario, sufriendo en la carrera, pero demostrándonos una vez más su reconocida y admirada capacidad de aguantar el tipo en los momentos difíciles. Miguel, haciendo gala de su progresión en esta distancia, reservo en la bici para completar una carrera dignísima y Juan, dándolo todo con coraje y sin perder la sonrisa y lamentando no haber formado equipo con un buen digestólogo que le hubiera ayudado a regular su tránsito intestinal.

A pesar de que no salga en ningún manual de triatlón, parece razonable pensar que haber regresado de un viaje express transoceánico tres días antes de un Ironman  y añadirle a eso un viaje en coche de 1000 km no era la mejor preparación  para una prueba de este tipo. Pero mira por donde, el hecho de tener dos trabajos (la medicina y el triatlón) y el maldito azar que se encapricha en poner dos actos únicos en el año durante una misma semana, me acabaron por demostrar esta premisa.

Sufrí en la última vuelta de la bici como nunca lo había hecho y lloré a gusto debido a la extenuación durante las dos primeras vueltas de la carrera. Andaba yo cavilando la posibilidad de abandono cuando en un cruce, coincido con Mario y zanja rotundamente el tema….”!chavalito, un Ironman nunca se abandona!” , ya sabeís, o “evacuación sanitaria” o arco de meta, no hay más opciones. Y estás pruebas son muy muy largas y dan para mucho. Uno puede pasar de la gloria a la miseria en 0.5 segundos, o viceversa como me paso a mí, pasar del fondo de la grieta a empezar a correr en el kilómetro 15 y acabar la prueba  con un ritmo a lo sumo, decente. A ello ayudo de forma contundente una cervecita que un alma caritativa había depositado en uno de los avituallamientos. Vive Dios que a partir de ese momento, en cada ocasión que puedo le rindo pleitesía a la mejor bebida energética que haya fabricado el hombre. De allí el nombre que me enseñaron en el duatlón del
Ronda…”el aquarius del legionario”.

Nunca olvidaré la entrada en el estadio de llegada que monta la marca Ironman. Allí, en la esquina, de fácil localización por la bandera española, aplaudiendo a rabiar, todas nuestras familias. Recibo el cariñoso y reconfortante besito de mi mujer, que antes padeció conmigo y ahora era cómplice de mi alegría y a disfrutar esos cinco escasos segundos que justifican toda una temporada.

PURE 226. MARINA DÓR, CIUDAD DE VACACIONES.
Y que mejor forma de acabar la temporada que correr el séptimo Ironman en un lugar de reconocida fama y glamour como Marina Dór. El primer y único triatlón LOW COST de la historia. Y no por el precio, sino por la ínfima calidad de sus servicios.  No le faltó de nada, empezando por una hora y cuarto de retraso en la arena, embutidos en el neopreno, deshidratándose progresivamente y con los pies helados.

Avituallamiento ciclista de “Cuarto Milenio”, dicho sea de otra manera, llegar al punto establecido pensado en dicho aprovisionamiento y darse cuenta que se ha “esfumado”. Y para aumentar la emoción, el otro punto, es a una “solo intento”, dado que solo hay un voluntario para gel y uno para bidón, con lo cual tienes que aumentar la pericia a la hora de la recogida. Eso sí, para contrarrestar, los del sector carrera, son “self-service”, tu llegas y coges lo que quieres. Son como las gasolineras, te atiendes a ti mismo.

Y para acabar de rematar la carrera, plantan una rampa del 20% que no viene a cuento. Menos mal que en la tercera vuelta me encuentro de público a Edurne Pasaban y conseguimos hacer cima en menos del tiempo previsto. Finalmente, acabamos corriendo a oscuras por una vía verde en la que parece ser nadie de la organización había previsto que es más cómodo correr viendo al de delante que ir empujándose como en los cochecitos de choque.

Menos mal que previniendo la situación acudí de nuevo con mi Directora Deportiva. Espero que como madre me sepa perdonar el haberle hecho dormir en un hotel de esas características, en la que tuvo que compartir cena buffet con más gente que la que vive en Mallorca y amenizando las estupendas croquetas de colegio mayor con unos mariachis que a buen seguro merecían algún castigo por su mala calidad. Pero bien esta lo que bien acaba, y así conseguí poner otra muesca más en mi inseparable gorra que me ha acompañado desde la primera larga.

EPILOGO
Sirvan estas líneas de sentido reconocimiento a todos mis compañeros de fatigas en estas lides. Gracias a ellos, cada día aprendo un poco y sobre todo, soy más feliz. Y por supuestísimo, a mi familia, la mía strictu sensu y la que forman todos aquellos que nos acompañan a cada competición.

El año que viene, más y mejor.
Argi